Hace muchos años y debido a numerosos sesgos, consideraba el fracaso como inaceptable e intolerable, sería cuestión de que ni me aceptaba ni me toleraba, eso de “la paja en el ojo ajeno y la viga en uno mismo”. No solo eso, (cuantos noes…) sino que pensaba que no se podía aprender nada más de ello que no repetirlo (pero nada más) para no cometer el mismo error, y ningún aprendizaje que te llevase al éxito. Mi máxima era: “solo se puede aprender del éxito”.

Todo esto ha cambiado y mucho, se pueden perder puntos y ganar partidos, se pueden cometer errores y triunfar, de hecho, si no los cometes no triunfas (ya se sabe eso de “lo que fácil viene fácil se va”). Cada vez tenemos más claro el concepto ágil, en un mundo tan volátil, incierto, voluble, caótico y complejo así que con estas circunstancias, quien es el guapo o la guapa que no comete errores. La incertidumbre o te paraliza o “te da alas” (como la famosa bebida isotónica), es decir si eres valiente y tu actitud es que pase lo que pase vas a cometer errores (y muchos) triunfarás. Ya lo decía Lao Tse “si no quieres cometer errores, no hagas nada” y se trata de hacer.

La ciencia nos enseña a cometer errores, se basa en verificar y falsar, sin estas dos premisas no es ciencia. Así que estemos preparados a que en nuestro camino hacia el éxito nos estén acechando y esperando los fracasos (como agua de mayo) y tener la disposición para aceptarlos y aprender de ellos. El fracaso no es una debilidad ni hay que magnificarlo, tenemos que mantener un perfil bajo ante el (igual que con el éxito), ser humildes y considerarlos parte de nuestra divinidad…de nuestra perfecta imperfección.

Y hablando de imperfecciones, en Japón hay una técnica llamada ‘kintsugi’ que se ha convertido en arte y también en una filosofía de vida. Se trata de reparar piezas de ceramica rotas con un barniz espolvoreado con oro. Y estas piezas recompuestas llegan a tener un valor muchísimo mayor que cuando estaban “enteras”.

Abrir los brazos a los fracasos nos pone en disposión de alcanzar el éxito. Se trata de rellenar y espolvorear con actitud de oro las imperfecciones y los fracasos.

“Be resilent my friend”